lunes, 20 de agosto de 2007

Instantes

Una vez más sentí ese cosquilleo que provocan algunas cuantas mariposas encerradas en la boca del estómago: mariposas que ansían salir y estampar sus alas en el vacío temido de alguna hoja en blanco. Mariposas suicidas que como destellos explotan sus cuerpos multicolor contra el vidrio cristalino de algún parabrisas. Quise captar todas las formas de su cuerpo en unas cuántas líneas, quise inventarme un poema e hincarlo frente a todas las sensaciones que me hereda su milagroso nombre. Esperé, es cuestión de tiempo, inflamé mis pulmones con algunos cuántos cigarros que tenía preparados e incline la botella de whiskey frente a mi copa. Terminé con dolor de pecho, borracho hasta el pescuezo, y ninguna maldita mariposa se atrevió a salir de mi pluma. ¿Por qué, si dicen que el amor embriaga y envenena? ¿Por qué si me aseguré de aniquilar todos los cigarros de una cajetilla y ya llevo media botella de alcohol? Ninguna maldita mariposa... Apenas eructé algunos cuantos puntos, garabatos perdidos, espirales, números, pero ninguna palabra que hablara de ella, ni del amor, ni de ningún sentimiento que pueda considerarse humano.

Doy un paso atrás, para escribir un poema amoroso, tengo que... ¡Qué diablos es el amor! ¿Cómo hacen los poetas para encantarse por ese misterioso narcótico? Será, entonces, que algunos poetas cazan algunas cuántas mariposas con redecillas hechas en casa, las ahogan en alguna bolsa de plástico y después las clavan con alfileres en todos sus poemas triunfantes y melosos. No soy poeta porque yo no cazo mariposas, no tengo necesidad de cazarlas si yo las tengo bien adentro, en esta panza inflada, tan adentro, y me revolotean las entrañas causándome nauseas. Bien, olvidaré por esta noche la poesía si me conformo con el recuerdo de sus instantes. Cada instante resuelto en la inmortalidad de sus besos, disimulados por el dulce sabor de caramelos de fresa. Cada instante envuelto por ese necio flequillo que, para no encandilarme, cubría la enormidad de su verde mirada. El color de su voz y esa extraña acentuación entonada en la conjugación de los verbos infinitivos. Me quedo con la infinidad del abrazo desnudo que rompía el orden lógico de las cosas, de la distancia y el destino; el abrazo guerrillero que, encubierto por la selva de nuestros recuerdos, ataca el firme imperio de la razón. Aprisiono el instante en el que me robé la esencia de su alma, velado por los choques eléctricos de su cuerpo reflejando el soplo de un amor insaciado pero siempre complacido.

Me quedo con el momento de la despedida que no tuvo un adiós.

Me quedo con el instante en el que la recuerdo, la recuerdo y vuelvo a vivir. La recuerdo y la vuelvo a vivir.

6 comentarios:

A moonclad reflection dijo...

Ito....que grosso lo que escribiste...yo te entiendo pila, hermano...no se que mas decirte....que en el rio de la plata tenes mucho por lo cual volver...un abrazo

arquitec[TaL] dijo...

Ah! las mariposas... estoy tan contenta de leerte en este espacio.

Ameba dijo...

KE SENTIMENTAL :'( m gusto musho gracias luna de refleccion mil besos

Mariposa dijo...

Obvio, este texto me encanto! ;)
es realmente hermoso de hecho.

un beso
chau

Luna De Abril dijo...

"¿Cómo hacen los poetas para encantarse por ese misterioso narcótico?"... Y este relatoo?? Quién lo escribió entoncess??..jeje... Ya me estoy quedando sin palabras....
Sensiblemente sentimental Itocuaz...
Besoss! :)

UN ENCANTO...DESENCANTO dijo...

Leerte me desarma...
No puedo mas que llorar...
Pero por alguna extraña fuerza...no puedo dejar de sonreir...
miles de millones de besos